Cork

Cork es una ciudad vibrante y llena de sorpresas para los que tienen la paciencia de descubrir sus muchas caras secretas, como por ejemplo el English Market, templo de la gastronomía irlandesa.

Cork reclama con orgullo el título de capital moral de Irlanda: aunque es sólo la tercera ciudad de la isla en número de habitantes (después de Dublín y Belfast), es una vibrante realidad urbana, llena de sorpresas para los que tienen la paciencia para descubrir sus muchas caras secretas.

De hecho, sobre todo después de haber sido Capital de la Cultura en 2005, Cork se ha liberado gradualmente de la “prima” de Dublín y ha tomado el estatuto de ciudad muy viva en términos de trabajo, universidad y cultura, gracias también al aumento de la inmigración de jóvenes de toda Europa.

Además, la ciudad ha sido capaz de explotar su potencial turístico y dar énfasis a su vocación culinaria gracias al sector de la restauración que en los últimos años se ha desarrollado ampliamente.

La ciudad de los 20 puentes que dan a los dos brazos del río Lee os encantará con el centro histórico de origen medieval, su animada vida nocturna, y el carácter acogedor y al mismo tiempo áspero típico de una ciudad con vocación marinera con sus muelles, puentes y viejos almacenes.

Qué ver

  • El casco antiguo de Cork está rodeado por tres calles principales, St. Patrick Street, la calle más animada de la ciudad, con sus tiendas y boutiques de moda, Oliver Plunkett, llena de tiendas tradicionales y pub, y el South Mall, donde se encuentran los centros financieros y legales de la ciudad. Os aconsejamos penetrar en esta red de callejones medievales a pie para descubrir los pequeños rincones pintorescos y los locales más interesantes hasta llegar a uno de los puentes principales para admirar la vista del atardecer. Particularmente fascinante es el barrio francés que se desenrolla alrededor de la Paul Street, lleno de cafés, restaurantes y calles peatonales.
  • Otro destino imperdible para entender el sutil encanto de esta ciudad es el English Market, una verdadera institución de la gastronomía local. Estos edificio del siglo XVIII cuenta con un increíble mercado cubierto, una explosión de colores, olores y sabores que se desprenderán ante vuestros ojos desde los coloridos puestos. Se pueden degustar los famosos huevos con mantequilla, una increíble variedad de pescado fresco, embutidos, quesos, pan y productos típicos como los callos y el pudín negro.
  • Si os gusta el arte inglés e irlandés entonces la siguiente parada será la Crawford Art Gallery que ofrece una amplia colección de importantes obras.
  • Si desde el río Lee, con el centro a vuestras espaldas, miráis delante de vosotros, veréis una colina empinada con muchas casas multicolores: es el barrio de Shandon, una zona residencial muy característica, con sus calles en cuesta, tiendas antiguas, como por ejemplo la tienda de dulces Linehan, que desde 1929 produce caramelos caseros, o la hermosa St. Ann’s Shandon, donde podéis experimentar la emoción de tocar las campanas tras haber subido a lo alto de la torre del campanario también llamado “el mentiroso de 4 caras” porque las agujas de sus 4 relojes, en los días con mucho viento, se mueven y señalizan 4 horas diferentes.
  • La catedral de la ciudad, la St. Finbarr’s Cathedral es muy interesante con su numerosas decoraciones en estilo neo-gótico.
  • Para un relajante paseo podéis elegir los magníficos jardines de la Universidad.

Eventos

La historia

Si el nacimiento de la ciudad se remonta a la fundación de una escuela monástica por parte de St. Finnbar en el siglo VII, el único edificio medieval que aún se conserva, la Red Abbey Tower, se encuentra fuera de la ciudad.
Tierra de conquista, perdida y recuperada por los irlandeses y los ingleses a través de los siglos, la ciudad perdió sus fortificaciones en 1690, durante el asedio por parte de los ingleses.
Después de la desecación de pantanos y estanques, se creó un mercado para la venta de mantequilla, lo que permitió el extraordinario desarrollo del comercio internacional.
Floreciente en el siglo XIX, Cork ha sido embellecida con impresionantes edificios burgueses en estilo georgiano y victoriano, que hoy en día se pueden ver paseando a lo largo de la Grand Parade, hasta la St. Patrick’s Street.

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